Así comencé en el camino a una vida feliz y saludable.

Cuando tenía 16 años inicié una vida medianamente activa, me refiero a que sólo asistía al gimnasio con apoyo de un instructor y hacía pesas. Mi alimentación en lo absoluto era saludable; en ese momento mi creencia se basaba en que al comer todo lo que mi cuerpo me pidiera podría “quemarlo” al día siguiente en el gimnasio. Creí que en ese momento mi genética y metabolismo estaban de mi lado.
Al paso del tiempo me convertí en mamá de dos hermosas personitas, las cuales, para mi beneficio, me dejaron muy delgada. Fue cuando descubrí que no era lo que deseaba, sino buscaba desarrollar un cuerpo atlético, con la misma convicción de seguir con el ejercicio y sin cambiar mis hábitos alimenticios.
Cuando tenía entre 23 y 24 años mi nivel de ejercicio empezó aumentar, subí de peso y acudí de forma más regular al gimnasio, hasta que descubrí que esa no era la clave para llegar a mi meta. Sufría de dolores como gastritis y colitis, lo cual no permitía que mi metabolismo fuera el más adecuado.
El proceso para entender los beneficios de la alimentación correcta comenzaron a los 29 años, cuando visité diversos nutriólogos que me propusieron planes para mis necesidades y objetivos. Todo este camino fue cambiando mucho mis terribles hábitos alimenticios y las “malpasadas”. Pero una vez más, me estanqué, ya que cada que buscaba otro nutriólogo, las reglas o hábitos cambiaban. Me refiero a que en la base seguí siendo similar, algunos prohibían alimentos que en su momento eran de mi agrado.
Cuando llegué al “3er piso” de mi vida (me refiero a mis 30), fue cuando decidí conocer por mí misma lo que necesitaba mi cuerpo, sin sentirme culpable de lo que comía. Conseguí mis resultados y un plus, beneficios internos. Adiós dolores estomacales, mejor metabolismo, mejor textura en mi piel, cabello y energía que me ayudaba a rendir durante todo el día.
Decidí estudiar un Diplomado en Nutrición Saludable y Chef Vegano y Vegetariano, fue donde quise probar cómo se sentía mi cuerpo al no consumir alimentos de origen animal. Mi fuerza de voluntad duró tan sólo 2 años, ¿por qué? Era complicado adaptarme a las reuniones, los continuos viajes y mis ejercicios de alto rendimiento. El proceso me gustó, sin embargo no era algo sostenible para mi estilo de vida.
A los 33 años regresé a comer todo tipo de comida, siempre y cuando siguiera con mis hábitos sanos, lo cual, hasta el día de hoy, me mantiene en forma. No regresaron los malestares estomacales y con los mismos resultados que conseguí cuando no comía carne.

La intención de crear este blog es para ayudar a cualquier persona que esté decidida a cambiar sus hábitos y llevar una vida saludable, pero sustentable. A base de consejos, recetas, tips, retos de alimentación, rutinas de ejercicio entre muchas otras opciones divertidas.